Neuromarketing: chatear al conducir es tan peligroso como conducir ebrio





Una aplicación (itcanwait) promete salvar vidas. Usar whatsapp al manejar desconecta un mecanismo de control que permite preservar la trayectoria en la ruta. 

Internet ha cambiado el cerebro humano. Gracias a ella se puede acceder a cantidades de información casi infinitas en cualquier momento. Gracias a los smartphones, tabletas y demás cacharrería, es posible hacerlo en casi cualquier lugar del mundo. Por eso, la tecnología ha llevado al cerebro a ser más multitarea que nunca: ahora no es extraño que una persona esté comiendo, escuchando la televisión, manteniendo una conversación y escribiendo mensajes en su teléfono.

Pero, ¿qué pasa cuando las personas se acostumbran a vivir así y llega el momento de conducir un coche? ¿Se distraen más o menos y aumenta o disminuye su capacidad de reaccionar a imprevistos? Un estudio presentado este jueves en la revista «Scientific Reports» ha analizado cómo se comportan los conductores cuando están despistados, emocionalmente alterados o escribiendo en su teléfono. Y han descubierto que en los dos primeros casos un sistema auxiliar del cerebro trabaja para mantener una trayectoria muy recta en la carretera, pero que en el tercero este sistema falla, por lo que aumenta mucho la probabilidad de tener un accidente.

«La mente de un conductor puede divagar y sus sentimientos estar en plena ebullición, pero un sexto sentido la mantiene segura, en términos de seguir una trayectoria recta», ha dicho Ioannis Pavlidis, primer autor del estudio e investigador en la Universidad de Houston (Estados Unidos). «Pero lo que hace tan peligroso escribir cuando se conduce es que el smartphone hace trizas este sexto sentido».

Pero, ¿en qué consiste este sexto sentido? Los investigadores descubrieron que cuando un conductor está distraído o emocionado por algún motivo, sus manos se vuelven temblorosas en el volante. Pero, curiosamente, la trayectoria del coche se vuelve más recta y más segura. Como si un ángel de la guarda estuviera actuando.

«Una posible explicación a esta paradoja es que esté funcionando el córtex del cíngulo anterior (ACC), un sistema capaz de intervenir como corrector de errores cuando hay un conflicto», ha propuesto Pavlidis. En el caso del conductor, el científico cree que el conflicto se produce entre el sistema cognitivo, emocional y motor sensitivo y los estímulos estresantes. El problema es que cuando comienza el estrés, el organismo activa la respuesta de «lucha o huida» y esto afecta al resto de sistemas. Los pensamientos se distorsionan, las emociones se disparan y las manos tiemblan.

Pero el córtex del cíngulo anterior está ahí para evitar que tengamos un accidente, según la propuesta de Pavlidis: él solo es capaz de vigilar los movimientos de las manos en el volante y contrarrestar las desviaciones.

Sin embargo, este ángel protector tiene una limitación: necesita que haya una buena coordinación entre la vista y las manos. Pero si, se deja de mirar a la carretera y se mira al móvil para escribir, es imposible que pueda hacerlo. El córtex deja de recibir información sobre las desviaciones en la carretera, y las trayectorias comienzan a descontrolarse.

Por todo esto, los investigadores creen que las distracciones emocionales o cognitivas moderadas son relativamente seguras, pero que la tendencia de las personas a hacer muchas cosas a la vez puede hacer que se supere la capacidad de reacción del cerebro.

Para hacer estos cálculos, los investigadores le pidieron a 59 voluntarios conducir en un simulador bajo distintas condiciones: en una situación «normal» en la que estaban concentrados, en una en la que estaban distraídos porque tenían que resolver preguntas complicadas a la vez que conducían, y en otra en la que estaban contestando a cuestiones que les resultaban emocionantes. En la última situación, les hicieron contestar al móvil mientras conducían.

Según el último informe sobre seguridad vial de la OMS, cada año mueren 1.250.000 a causa de los accidentes de tráfico. En España, y según la DGT, las distracciones son la causa de la mitad de los accidentes con víctimas. Dentro de este tipo de siniestros, el teléfono móvil tiene cada vez mayor peso como factor de riesgo.

«Estamos trabajando en desarrollar un sistema para monitorizar los comportamientos de conducción, como seguir una trayectoria recta o una más quebrada, al mismo tiempo que medimos el estado interno del conductor», ha explicado Ioannis Pavlidis. «Este sistema, que yo llamo "stressalyzer" (analiza-estrés), podría servir como una caja negra en accidentes de coche, y también como un sistema de alerta para los conductores».

Otra opción es mentalizarse de que el smartphone puede esperar. Por si acaso, una aplicación («Itcanwait») desactiva las notificaciones y envía respuestas automáticas a los que escriban cuando estamos conduciendo.


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